La Galerna
·11 de janeiro de 2026
Claro que están rotas, sinvergüenzas

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·11 de janeiro de 2026

Buenos días, galernautas. Hoy no cabe épica. Tampoco lírica. Ni siquiera dramática. Esta tarde se juega la final de la supercopa, en minúscula, de España, esta sí con mayúscula, y el partido es un pretendido clásico, otra vez con minúscula. No es un descuido tipográfico: es una declaración de principios.
Llamadnos tacaños, pero escatimamos el uso de la letra capitular para un trofeo transportado allende los mares y los desiertos al exclusivo servicio del lucro de dirigentes federativos y de algunos jugadores en particular. Ya sabéis: el dúo cómico-delictivo Rubi y Geri. Esto no es una cumbre del fútbol. Es un producto. Y, si lo adjetivara Enid Blyton, sería mohoso, rancio y polvoriento.
El partido no merece mayúscula porque enfrenta al equipo de fútbol más importante de la historia contra un club que pagó durante dos décadas al jefe de los árbitros y que, casi tres años después de conocerse el asunto, sigue compitiendo como si tal cosa. No hace falta adjetivar más.
A diferencia de algunos, en La Galerna queremos que gane siempre el Real Madrid. Aquí no caben adversativas. Cuestión distinta es que estas competiciones menores, organizadas para el enriquecimiento de unos cuantos listos, tengan para nosotros una importancia infinitamente más limitada que, por ejemplo, una Champions League. O quince.
Abundando en este particular, ¿sabéis quién tampoco sabe cómo es esa sensación? Exacto: el técnico del Atlético de Madrid, el brasas de la línea de cal, el hombre al que Larra habría llamado —pese a sus emolumentos— un pobrecito hablador.
Ya sabéis, más que nada porque así os lo hemos dicho, que el oficio del portanalista es un sacerdocio, así que hagamos de tripas corazón y echemos un ojo a las cabeceras patrias.

Marca se despacha con una imagen de los técnicos sujetando sus camisetas, ambos con gesto de ficha policial, mucho más apropiado que el de promoción. Todo lo que rodea al club cliente de Negreira acaba teniendo un aire procesal. Del titular no hablamos: largo, con corchetes y con la capacidad de atraer la atención de un trozo de pladur. Nivel Marca.

Saltamos a As, ese periódico que otrora dirigió Relaño. “Un clásico de diez” nos cuentan mientras plasman una imagen de espaldas de Mbappé y Lamine Yamal, los dos dorsales diez de los rivales de esta noche. La verdad es que no sabemos qué ocurre, pero el nivel de inspiración visual y semántica de los frontispicios de la llamada Central Lechera (risas enlatadas histéricas tendentes a la incontinencia urinaria y luxación mandibular) es subterráneo hasta para los estándares a los que nos tienen acostumbrados.
Busquemos entonces refugio en la prensa cataculé, siempre comprometida con la verdad, el rigor y la ética periodística.

El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, replica la imagen de Marca y reduce el titular a “Súper final”. De nuevo, gesto de mugshot y texto corto, rotundo y pedagógico, digno del periódico mural de una clase de segundo de primaria.

En Sport los entrenadores ya no sujetan camisetas: se estrechan la mano ante la Supercopa de Rubi y Geri. Más abajo, en rojo, el diario nos cuenta que Laporta confirma que las relaciones con el Real Madrid están rotas. Pues claro que están rotas, sinvergüenzas. Lo sorprendente es que no lo estuvieran antes, especialmente cuando hace casi tres años que se reveló que el Barcelona había estado pagando durante dos décadas al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. El asunto está en los juzgados y el Real Madrid ejerce su derecho a personarse. En el relato, sin embargo, el malo sigue siendo el de siempre
Pasad un excelente día, que gane el Real Madrid y no toméis jamás al Barcelona ni a sus satélites mediáticos como brújula moral. Y si lo hacéis, que sea sabiendo que apunta siempre al sur.


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