El aplausómetró así lo establece: Neymar recibió la ovación más grande en todo lo que va del Mundial | OneFootball

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·25 de junho de 2026

El aplausómetró así lo establece: Neymar recibió la ovación más grande en todo lo que va del Mundial

Imagem do artigo:El aplausómetró así lo establece: Neymar recibió la ovación más grande en todo lo que va del Mundial

Hubo algo más que un cambio de jugador en el minuto 75 del Brasil-Escocia. Mucho más que una sustitución en un partido ya resuelto. Lo que ocurrió cuando Neymar se levantó del banquillo fue la culminación de una espera que llevaba meses gestándose y que durante las últimas semanas había monopolizado el debate futbolístico en Brasil.

La reacción del estadio fue la confirmación de una verdad difícil de discutir: más allá de las críticas, las lesiones y el paso del tiempo, el número 10 sigue ocupando un lugar privilegiado en el imaginario colectivo de su país.

La secuencia había comenzado mucho antes de que el delantero se acercara a la banda. Cada vez que su imagen aparecía en los videomarcadores, la respuesta del público se hacía más intensa. Primero fueron aplausos. Después cánticos. Más tarde, una petición casi unánime. El ruido crecía progresivamente, como si la afición quisiera empujar con su entusiasmo una decisión que todavía dependía de Carlo Ancelotti. Y cuando Neymar abandonó el banquillo para iniciar los ejercicios de calentamiento, el estadio terminó por explotar.


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No era una reacción casual. Tampoco una simple muestra de nostalgia. El regreso de Neymar había sido uno de los grandes temas de conversación durante la preparación mundialista. Su convocatoria dividió opiniones desde el primer momento. Hubo quienes consideraron que su presencia en la lista respondía más al peso de su nombre que a su condición física. Otros cuestionaron que viajara arrastrando problemas físicos que habían condicionado gran parte de los últimos años de su carrera. Incluso surgieron voces que defendían que Brasil debía mirar definitivamente hacia el futuro y dejar atrás una era que parecía agotada.

Pero también existía la otra mirada. La de quienes entendían que el Mundial merecía volver a ver a Neymar sobre un terreno de juego. La de quienes recordaban que, independientemente de su estado físico o de las controversias que han acompañado algunos capítulos de su trayectoria, sigue siendo uno de los futbolistas más influyentes de la historia reciente de Brasil. Un jugador que durante más de una década cargó sobre sus hombros las expectativas de una nación obsesionada con el fútbol y que construyó una carrera internacional digna de los grandes referentes de la Canarinha.

Cuando Brasil ya tenía completamente controlado el encuentro frente a Escocia y el marcador reflejaba una superioridad incontestable, Ancelotti entendió que había llegado el momento adecuado. El técnico italiano no solo realizaba una sustitución táctica. También concedía una recompensa emocional a una afición que llevaba semanas esperando ese instante.

Neymar se levantó, cruzó la línea lateral y el estadio respondió con la ovación más estruendosa de lo que va de Mundial. Un reconocimiento que trascendía el resultado y que conectaba directamente con la historia. Porque lo que celebraban los aficionados no era únicamente la presencia de un futbolista. Celebraban el regreso de un símbolo.

El delantero ingresó al campo mirando al cielo, levantando los brazos y absorbiendo una emoción que parecía recorrer cada rincón del estadio. El gesto tuvo algo de agradecimiento y algo de liberación. Después de años marcados por lesiones, procesos de recuperación y cuestionamientos permanentes, Neymar volvía a vestir la camiseta de Brasil en una Copa del Mundo.

Y aunque apenas dispuso de unos minutos, su presencia alteró por completo la atmósfera del partido. Cada intervención fue seguida con atención. Cada toque despertó una reacción inmediata en las tribunas. Incluso consiguió rematar a portería, un detalle menor desde el punto de vista competitivo, pero enormemente significativo desde el plano emocional.

Lo ocurrido en Vancouver recordó que ciertos futbolistas trascienden las estadísticas y los análisis estrictamente futbolísticos. Neymar pertenece a esa categoría. Su legado ya está escrito desde hace tiempo, pero el fútbol tiene una relación especial con las segundas oportunidades y con los regresos inesperados. Por eso su vuelta despertó tanta expectativa.

Brasil llega a los dieciseisavos de final impulsada por el extraordinario momento de Vinicius Junior y por la sólida estructura construida por Carlo Ancelotti. Sin embargo, la reaparición de Neymar añade un componente distinto: experiencia, liderazgo y una carga simbólica que pocos jugadores pueden aportar en un torneo de esta magnitud.

Nadie sabe cuánto protagonismo tendrá en las próximas semanas ni cuál será su verdadero impacto deportivo. Lo que sí quedó claro es que la conexión con la afición permanece intacta. El cariño que recibió fue el reflejo de una carrera que ha marcado una época y de un vínculo que resiste incluso al desgaste de los años.

Quizá el Mundial 2026 represente el último gran capítulo de Neymar con la selección brasileña. Quizá sea, efectivamente, su último baile. Pero si algo demostró la ovación que acompañó su regreso es que Brasil todavía no está preparada para despedirse de uno de los futbolistas más importantes de su historia reciente. Y ahora que la fase eliminatoria está a punto de comenzar, el destino le ofrece una última oportunidad para ampliar una leyenda que, gane o no el título, ya forma parte del patrimonio emocional del fútbol brasileño.

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