Un 10 Puro
·12 de março de 2026
El Real Madrid se comió las espinacas de Popeye

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·12 de março de 2026

Descanso en el Santiago Bernabéu, 3-0 apaliza el Real Madrid al Manchester City. Whatsapp de mi hija mayor, Carolina, socia compromisaria del club blanco. “Parece que se han comido las espinacas de Popeye”. Ella es un ser raruno de esos que estudian ciencias y no humanidades, pero algo de genética paterna tendrá y, encima, sabe acertar con la flecha en el centro de la diana con una saeta bien afilada.
Porque exactamente eso pareció el Real Madrid. Pasó de ese rebaño de ovejas de blanco que deambulaba por el césped desde comienzos de temporada a un enjambre de abejas asesinas dignas del comienzo de cualquier película de terror de Serie B que se precie. Un equipo cohesionado y violento en ataque, donde la máxima de Don Alfredo di Stéfano, “ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, se mostró en todo su esplendor.
Cuando aquellos muchachos deciden ser solidarios, no ahorrar esfuerzos para auxiliar a un compañero, no desconectarse en ningún momento para poder detectar las debilidades del rival, este Real Madrid, como le pasa siempre, en cualquier lugar, a todos los equipos del mundo, es imparable.
Tal vez sea la mano de Álvaro Arbeloa, un entrenador que es mucho mejor director técnico de lo que la gente piensa, y lo ha demostrado cuando se ha centrado en lo esencial y no en el discurso populista. O puede que sea el efecto Pintus y la mejora del tono físico, aunque los jugadores madridistas siguen cayendo como moscas en una sucesión de catastróficas desdichas en forma de lesión que parece no tener fin. O simplemente, y como detectó José Mourinho en su etapa en el Real Madrid, que este club tiene un botón de encendido y sólo pulsa el “on” cuando llega la Copa de Europa, aunque a veces eso no le dé.
El martes que viene, todo se resolverá en Manchester. Pero el aficionado madridista mira el partido cauteloso, pese a la euforia desatada, y no es para menos, por el gran resultado cosechado en la ida. No sé si serán las espinacas de Popeye o ese interruptor del ADN madridista, pero más vale mantener el mismo nivel de intensidad, entusiasmo y colectivismo al menos hasta el final del duelo en la Pérfida Albión.









































