La Galerna
·24 de janeiro de 2026
El Real Madrid y yo: ¿una relación tóxica?

In partnership with
Yahoo sportsLa Galerna
·24 de janeiro de 2026

A una persona a la que no le gusta el fútbol le resulta incomprensible cómo a alguien puede afectarle tanto, psicológicamente hablando, el que unos tíos en camiseta y pantalones cortos ganen o pierdan un partido.
Incluso a los que nos gusta el fútbol nos resulta incomprensible. Pero la mayoría de las veces, hay algo que está por encima del fútbol: EL AMOR. Amas el fútbol, y por encima de todo amas a tu equipo.
Para mí ser del Real Madrid es tener una relación idílica como las que sólo existen en el mundo Disney. Es un amor puro e incondicional, pase lo que pase. Incluso aunque se esté derrumbando todo alrededor. Me imagino a mí misma en el Bernabéu, de pie en medio de un terremoto terrible, viendo estallar el pánico, a la gente corriendo a salvar sus vidas mientras chocan conmigo, y yo ahí. Impasible.
No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman
Alguien podría decir que es una relación tóxica. Puede ser. No lo niego. Pero lo que me ha hecho sentir el Real Madrid no me lo ha hecho sentir nadie. La euforia, emoción, grandeza, irrealidad y pertenencia que he experimentado en mi cuerpo. Yo soy una persona muy emocional y visceral. Siento cada emoción en un órgano diferente.
La rabia en el hígado.
La pena en los pulmones y el corazón.
Los nervios en el estómago.
Y la alegría, la euforia … No sabría deciros dónde. O sí, sí sabría. Pero no lo voy a hacer. Lo dejo a vuestra imaginación.
También, a la vez, soy una persona muy racional. Sé que es muy difícil, porque o se es una cosa o se es otra. Por eso mi mundo interior choca continuamente. Es una tormenta. Pero yo soy así y me acepto y me quiero tal cual. No me queda otra.
El Real Madrid es ese amor pasional, puro, incondicional, orgásmico y glorioso que hace que nunca pierda la ilusión. No existe un amor como este. Y creedme que soy muy afortunada. He tenido y tengo una vida plena, con la mejor familia que podía tener (me transmitieron EL GEN, imaginad), los mejores amigos y las mejores parejas. Siempre he sido y sigo siendo una persona muy querida. Claro que también me he llevado mis decepciones y me han hecho la cama en algunos momentos. Por suerte, me la han deshecho mucho más veces (emoji pícaro de sonrisa lasciva). Me han hecho daño, pero han sido las menos.

Eso es lo que siento por ese escudo redondito con la corona encima que llevo tatuado en el corazón. Por eso, mi sangre no es roja, es blanca. Seguro que el amor por los hijos es algo parecido. Incondicional y puro, sin la parte pasional, claro. Pero no soy madre y no puedo saberlo.
El club es puerto seguro, es una filosofía de vida, es ese salvavidas o tronco de madera que pasa por tu lado y al que te agarras para no hundirte cuando estás naufragando. En quien te fijas para conseguir tus metas. ¿Cómo harían ellos? Si ellos pudieron, yo también puedo. Y te levantas. Y das un paso más.
Sabes que nunca te va a fallar.

—¿Cómo que no? – me preguntarás. —¿Lo que hizo el Real Madrid ante el Albacete no es fallarnos, a nosotros, a los aficionados que tanto lo amamos?
—No. No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman. Y es que son eso: personas. Humanos. Y los humanos tenemos estas cosas: fallamos. Pero esas mismas personas que ese día nos fallaron nos han hecho sentir lo más grande.
Por eso digo que alguien que no entienda este sentir lo puede interpretar como una relación tóxica: si tanto te hace sufrir, ¿por qué no lo abandonas para siempre? PORQUE NO SE PUEDE. En mi caso, personalmente, también porque no me da la gana.
Getty Images
Ao vivo


Ao vivo






































