La Galerna
·01 de abril de 2026
España (ahora sí) tiene un problema de racismo

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·01 de abril de 2026

Buenos días. Ayer, durante «el parón del fútbol» —Fred Gwynne dixit— se disputaron varios encuentros de selecciones, para gozo de aquellos que se excitan con este tipo de enfrentamientos.
El choque más reseñable fue el que enfrentaba a Bosnia e Italia. La azzurra sucumbió en los penaltis y se perderá su tercer Mundial consecutivo. Lo destaca Marca.

El diario de PRISA elige para su portada la «Vergüenza mundial» que suponen los cánticos ofensivos —por discriminación religiosa— producidos en el RCD Stadium: «Musulmán el que no bote».

En La Galerna condenamos cualquier acto de racismo, xenofobia, discriminación por motivos de religión, sexo, orientación sexual, identidad de género, origen, nacionalidad o cualquier otra condición personal o social.
Pero hay un problema, fuera de La Galerna, en los grandes medios, no es así. En ellos se produce una jerarquización de la ofensa y una respuesta variable según quién o quiénes sean las víctimas. Veamos el siguiente vídeo.
En Carrusel Deportivo se han dado mucha prisa en reaccionar. Primero resaltan que se pitó de forma mayoritaria el himno de Egipto. Durante los últimos lustros ha sido habitual que a la final de la Copa del Rey llegaran equipos catalanes y/o vascos y se pitase el himno español. No recordamos ningún reproche en los medios por ello.
Después, destacan que se coreó «Pedro Sánchez, hijo…». Intolerable, sin duda. Igual de intolerable que los continuos gritos en casi todos los campos de España de «Asencio, muérete».
Desde el punto de vista constitucional, ambos cánticos son igualmente censurables: lesionan la dignidad (art. 10), el honor (art. 18) y quedan fuera de la libertad de expresión (art. 20). La Constitución no establece categorías de víctimas ni gradúa la ofensa según el destinatario (art. 14). Otra cosa es que el «muérete» añada un plus de hostilidad, pero eso no convierte el insulto en admisible. La vara de medir debe ser la misma.
Sobre los deplorables cánticos de «Musulmán el que no bote», Garrido dice: «yo creo que no advierte ningún tipo de interpretación». Juanma Castaño afirma que durante los improperios «la imagen de Lamine es desoladora (…). Ha acabado hecho polvo. ¿Cómo va a dar la vuelta de honor saludando al público? Sería un hipócrita si lo hiciera. ¿Cómo va a saludar mientras haya solo uno de los que ha hecho eso en la grada? Este partido de la selección es un borrón increíble para la afición al fútbol en España, para la selección y para la organización del Mundial».
Sin embargo, la reacción de los medios no es igual cuando el agredido es Vinícius y los improperios son: «Puto mono», «Vinícius, eres un mono», «Vinícius, chimpancé», «Vinícius, muérete».
Ayer, la defensa a Lamine fue inmediata, unánime y sin matices. Como debe ser. Con Vinícius, ni es inmediata ni unánime ni sin matices.
Con Vini, la condena nunca viene sola, siempre llega acompañada con un «pero». Se desliza la idea —o directamente se berrea, incluso entre algunos madridistas— de que algo habrá hecho, que provoca, que celebra los goles. Es decir, se traslada a la víctima parte de la responsabilidad del acoso que sufre.
La ley no distingue entre odio por religión o por raza. El Código Penal castiga ambas conductas con la misma severidad. La Constitución los protege por igual. Por tanto, podemos colegir que si la reacción pública no es la misma, el problema no está en la gravedad del hecho, sino en quien lo sufre.
¿Por qué?
Porque existe un odio visceral contra el Real Madrid.
Durante años, cuando a Vinícius lo vilipendiaban en cada campo de la liga, la respuesta mediática era, o bien obviar los hechos, o bien minimizarlos. Siempre eran casos aislados, no había un problema de racismo en España, se exageraba por parte de quienes querían que el Mundial no se celebrara en España.
Ahora, España sí tiene un problema de racismo. Y, ojo, que puede peligrar el Mundial. Sacad vuestras propias conclusiones.
En La Galerna llevamos años denunciando los comportamientos execrables vengan de donde vengan y ataquen a quien ataquen. Exigimos la misma coherencia.
La prensa cataculé se centra en el debut de Joan García. Luis de la Fuente ya le hizo el favor al Barça de aplazar su convocatoria para esquilmarle 5 millones al Espanyol. Ayer decidió hacerlo debutar en su antiguo estadio con el inevitable escarnio sufrido por su anterior afición. Cuando se le preguntaron los motivos, no contestó. No esperábamos otra cosa de alguien que se dejó las manos aplaudiendo a Rubiales.
Pasad un buen día.
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