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·21 de março de 2026
FALLECIÓ UN MAESTRO de PERIODISTAS: a los 85 años se fue Ernesto Cherquis Bialo

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Desde la histórica revista El Gráfico, a lo largo de 30 años (8 como director), su pluma dejó para siempre textos inolvidables. Una carrera que completó con radio, TV y destacados textos en Infobae. Sin dudas, se fue uno de los grandes del periodismo deportivo argentino.
El gran y reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo escribió hoy a las 21.56 el punto final de su página de vida. Tenía 85 años y padecía leucemia.
Ya el año pasado debió ser internado en el hospital Alemán de Buenos Aires a causa de ese mal. La gravedad de su cuadro motivó pedidos públicos de donantes de sangre y generó una ola de apoyos y oraciones entre colegas y seguidores.
Pero esa vez, su fortaleza y su ánimo hicieron un milagro. Él mismo relató las palabras que le dijo la médica que lo trató: «‘No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir, firme los papeles que tiene que firmar’”
Sin embargo, el propio Cherquis logró salir adelante por unos meses más. Y en esa ocasión, contó lo que, finalmente, le ganó la pulseada: “Yo tuve un enfriamiento que se convirtió en un broncoespasmo, que se transformó en una pulmonía y que terminó, este, con una, una neumonía bilateral. La neumonía bilateral me produjo la falta absoluta de defensas y la falta absoluta de defensas hizo que dejara de funcionar mi médula. Y cuando mi médula dejó de funcionar, el organismo reaccionó con una leucemia”. Esta vez, el milagro no sucedió. Y toca decir adiós.
El periodismo
Marzo de 1963. Un joven Ernesto Cherquis Bialo llega hasta Azopardo 579 (esquina México, casi San Telmo), la placa de bronce lustrado indicaba Editorial Atlántida, y apenas ingresa, en el mostrador de la entrada Ranea, el portero, siempre atento y enfundado en su uniforme gris franela, le indicó: “Tome el ascensor hasta el tercer piso y espere en el hall que el señor Fontanarrosa lo mandará a buscar”. Carlos Fontanarrosa dirigía El Gráfico, la principal revista de deportes no sólo del país sino del continente. El medio escrito en el que cualquier periodista deportivo soñaba con ver su firma.
“Fontanarrosa me hizo sentir tan cómodo en aquella primera entrevista, tan cálidamente tratado que desbarató mi discurso formal de compromiso futuro. En persona era tan agradable como en la tele cuando conducía Polémica en el Fútbol por el Canal 13″, evocaba Cherquis en una de sus memorables notas dominicales, en Infobae. “La charla duró unos pocos minutos. Los suficientes como para saber que la revista vendía 78.000 ejemplares de los históricos 165.000, que había que recuperarlos, que estaba en un proceso de cambio abierta a nuevas ideas, que no se hacía para los amigos ni mucho menos para los enemigos, que debían convivir en sus páginas héroes y villanos y que lo más importante, la Ley 1 digamos, era el respeto por sus lectores. Imposible no entenderlo para siempre».
Piri García, el coordinador de la revista, le blanqueó el panorama, cómo venía la mano: “Vos entrás a prueba por 28 días; si andás bien, quedás como colaborador –última categoría gremial- y cobrarás 1.500 pesos (un poco menos de 10 dólares de la época) por nota”. Y agregó: “Lo mismo que te pagaremos por si te quedas a corregir los domingos (se refería a la corrección de estilo o datos sobre todos los textos de cada autor) o si tenés que venir a la madrugada a ver vidrios”, la última revisión con las páginas desplegadas en planchas transparentes que permitían visualizar títulos, textos, fotografías e ilustraciones antes de enviar todo el material a imprenta.
Más porteño que uruguayo
Tanguero (habitué por años al Viejo Almacén o Caño 14), futbolero (fana de San Lorenzo) y amante del box, claro (el Luna Pak fue su segundo hogar y la oficina de Tito Lectoure, gran amigo, siempre estuvo abierta para él), era tan porteño como el Obelisco menos en el DNI. Es que sus padres -inmigrantes polacos y rusos- llegaron a Montevideo, Uruguay, donde Ernesto nació el 30 de Septiembre de 1940. La montevideana calle Yi pasaría a ser un recuerdo cuando la familia decidió mudarse a Buenos aires, donde vivió en varios conventillos (Corrientes y Yatay, y después Potosí y Rawson), estudió y paralelamente ingresó al Club Desarrollo como boxeador; allí llegó a entrenar con el gran Luis Ángel Firpo ya retirado.
Luego de un breve paso como pasante en Clarín, en 1962, un año más tarde llega a El Gráfico para esa entrevista inicial con Fontanarrosa. A través de sus páginas, la revista fundada por Constancio C. Vigil en 1919, va a transformarse con el paso de los años en la auténtica historia oficial del deporte. Con un linaje de plumas históricas que fueron marcando la narrativa deportiva, empezando por el fútbol, el automovilismo y el boxeo, las tres disciplinas más populares, hasta que a mediados de los ‘70, a partir del boom Vilas, el tenis se sumará seguido a sus tapas. De hecho, hasta que en los ‘80 la televisión impone su poderío en cada fecha dominical, salir en la tapa de El Gráfico significaba llegar. Un sueño, una meta, un logro en sí mismo.
Realizó múltiples coberturas. Pero ante todo, la firma de Cherquis Bialo es sinónimo de box. En 1968, el popular vino Peñaflor empezó a auspiciar las transmisiones de boxeo en radio Splendid. “Me hicieron una oferta que no pude rechazar”, le gustaba decir en modo Marlon Brando en El Padrino. Por esa razón, hasta su regreso definitivo a la revista, durante años firmó como Robinson (el seudónimo que utilizó por su admiración a Ray Sugar Robinson)) dado que la revista exigía exclusividad.
Consultado por El País de Uruguay, de esta manera hacía un compendio del box argentino: “Carlos Monzón fue el campeón mundial más grande que tuvo la Argentina, claramente. Ringo Bonavena fue un titán en una época de enormes campeones del mundo como ya no hay en los pesos pesados. Víctor Galíndez fue un grande, con una epopeya inolvidable ante Richie Kates en Sudáfrica. Santos Laciar, Horacio Accavallo fueron grandes también, lo mismo que Uby Sacco, aunque este duró lo que la luz de un fósforo porque su vida no fue fácil. El boxeo era el deporte número dos, en discusión con el automovilismo. Y las tapas de El Gráfico lo reflejaban”.









































