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·31 de março de 2026

Fernando Martorell: pasión, generosidad y valentía, por José María Piera

Imagem do artigo:Fernando Martorell: pasión, generosidad y valentía, por José María Piera

A Fernando Martorell se le puede recordar por muchísimas cosas. La mayoría lo hará por la que quizás fue su dimensión más pública: la de apasionado directivo y posterior presidente del RCD Español. Un destino que estaba casi escrito desde la cuna apellidándose Martorell, Oliveras y de la Riva

Se incorporó muy joven a la Junta Directiva de Don Manuel Meler, posteriormente fue vicepresidente con Antonio Baró y, tras un muy doloroso descenso de categoría en 1989, fue el único valiente de esa Junta Directiva que dio un paso adelante para salir al rescate del club y ponerse al frente de una junta accidental que, bajo su presidencia, sentaría las bases del ascenso logrado a final de aquella temporada y organizaría las primeras elecciones democráticas del club, años antes de su posterior transformación en el RCD Espanyol SAD.  


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Eran otros tiempos. Cuando el mercantilismo -algunos le llaman profesionalización- no había asomado todavía en el mundo del fútbol con la crudeza que hoy lo hace. Momentos, especialmente en clubes como Español, (así se denominaba entonces la entidad) para personas como él: altruistas. 

Buena prueba de esa manera de entender el deporte fue la creación la Fundació Ferran Martorell, convertida de inmediato en uno de los grandes referentes del fútbol base catalán. Financiada casi íntegramente por él, se dedicó a formar futbolistas y varios acabarían llegando a Primera División. Pero, y eso quizá era aún más importante para Fernando, sus objetivos trascendían lo deportivo. Quería formar buenos ciudadanos. Sin duda alguna, una entidad basada en valores.

Quienes tengan ya cierta edad le recordarán como tertuliano en TV3, siempre con una corbata negra. Era su forma de denunciar la falta de ética que reclamaba para los gobernantes y servidores públicos. Algo que echaba de menos en muchos de ellos, fueran de la ideología que fueran. Dijo que no se la quitaría hasta que la corrupción acabara. Como era tozudo y hombre de palabra, nunca se la pudo quitar.

Y quienes además de cierta edad tengan muy buena memoria, quizá recuerden una anécdota muy suya: se apostó “mil pelas” a favor de su Espanyol con cada telespectador que quisiera hacerlo. Juraría que fue en un programa del mítico Gol a Gol, antes de un partido contra el FC Barcelona. En directo. Y puedo afirmar que su entusiasmo no le salió gratis.

En el mundo profesional, su nombre quedará para siempre asociado a Slogan Publicidad, la agencia que fundó en 1968. También al sector del marketing y la publicidad. Empezó su trayectoria profesional en el departamento de medios de Nestlé, bajo la dirección del mítico Jordi Garriga, pero dedicó los mejores años de su vida a su agencia. Tanto amaba a Slogan que podríamos considerarla su cuarta hija. O, que Tere me perdone, su segunda esposa. 

Todos los que pasamos por ahí y sus muchos clientes pueden dar fe de hasta qué punto se volcó en ella Fernando y de todo lo que aquella exitosa agencia que nació en Barcelona y posteriormente conquistaría Madrid hizo por ellos. Obsesionado con cumplir lo que él consideraba su deber profesional, consiguió extraordinarios resultados comerciales ganándose el respeto de todo el sector. Sin la menor duda, una agencia que dejó huella.

Quiso además defender y apoyar su sector y, Quijote como era, no se le ocurrió mejor manera de hacerlo que impulsando el Col.legi de Publicitaris, hoy Col.legi de Marquèting i la Comunicació, del que fue fundador y su primer decano.  

Pero quienes tuvimos el inmenso privilegio de tratarle mucho, además de a su inagotable energía, su proverbial simpatía, su inmensa generosidad, su amor por la profesión y su profundo sentido ético, recordaremos a Fernando siempre por su pasión, cariño y valentía.

Llegados a este punto, para acabar este obituario que nunca hubiera querido escribir, permítanme que le dedique aquí unas palabras más personales. 

Fernando fue sin la menor duda mi padre profesional. Mucho más que un mentor. Con todo el cariño del mundo y con esa generosidad suya tan poco común, me inoculó el veneno de la publicidad. Me dio la oportunidad de empezar mi trayectoria en esa bendita profesión. Me dedicó el tiempo necesario para enseñarme los fundamentos más importantes de la misma. Y apostó por mí cuando parecía una temeridad hacerlo. 

Temeridad. Así lo hubiera calificado el 99,9% de la humanidad. Yo prefiero llamarlo valentía. Y pocas personas de entre las que lo trataron de verdad se atreverá a desdecirme. Probablemente, nadie. 

Descansa en paz, Fernando. Contigo se va una de las personas más valientes, apasionadas, cariñosas y generosas que he conocido. Pero sepas que no te irás del todo. Porque has dejado una profundísima huella en quienes tuvimos la suerte de vivir y aprender a su lado. Una huella que jamás se borrará.

Gracias, gracias y mil veces gracias, Fernando

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