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Alejandro Diago·16 de julho de 2026
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Alejandro Diago·16 de julho de 2026
La histórica victoria de la Selección Argentina ante Inglaterra por 2-1 en la semifinal del Mundial dejó una secuela que va muchísimo más allá de lo futbolístico.
Tras el pitazo final, la Scaloneta festejó con un trapo que rezaba "Las Malvinas son Argentinas", desatando una tormenta política que cruzó el Atlántico de inmediato.
La respuesta de Londres no tardó en llegar y tuvo un tono de pura chicana. El primer ministro británico, Keir Starmer, mandó a su portavoz a cruzar a los campeones con los tapones de punta: "Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las islas Malvinas (Falklands) sí lo son", disparó sin vueltas.
Lejos de quedar como un simple cruce de vestuario, el gobierno del Reino Unido redobló la apuesta y pidió formalmente que la FIFA tome cartas en el asunto.
Desde el oficialismo inglés tildaron la movida celeste y blanca como una "violación flagrante" de las reglas sobre propaganda política en las canchas de fútbol.
Para colmo de males, y con el partido decisivo a la vuelta de la esquina, Downing Street ya eligió bando para el domingo. Al ser consultado sobre a quién apoyará en la gran final frente a España, el vocero de Starmer tiró la última sutil provocación: "El Primer Ministro les desea lo mejor a ambos, pero en especial a España".
📸 PAUL ELLIS - AFP or licensors
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