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·11 de abril de 2026
Jose Félix Díaz descubre por qué la Federación se la tiene jurada al Real Madrid con los árbitros

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La tensión ha explotado definitivamente en el Real Madrid. Lo que hasta ahora eran quejas puntuales se ha convertido en una postura firme y contundente. En el club blanco ya no se esconden: consideran que LaLiga está seriamente condicionada.
El empate ante el Girona FC ha sido la gota que colma el vaso. Dos puntos que vuelan y que pueden dejar al equipo a nueve del liderato si el FC Barcelona gana su partido.
En el entorno del club la palabra que más se repite es “indignación”. El Real Madrid entiende que las decisiones arbitrales están influyendo directamente en la competición. Por ejemplo, el penalti sobre Mbappé no señalado que acabó cubriendo de sangre la cara del jugador blanco.
No es una crítica aislada. Es una sensación acumulada durante toda la temporada. Y ahora, con LaLiga en juego, el malestar ha alcanzado su punto máximo.
Desde el club se habla abiertamente de competición “adulterada”. Un término muy duro que refleja el nivel de enfado existente.
El presidente Florentino Pérez ha pasado a la acción. Considera que la Real Federación Española de Fútbol no ha estado a la altura.
Especialmente en la gestión del Caso Negreira, donde el club blanco cree que la respuesta ha sido demasiado tibia.
Además, la esperada reforma arbitral ha terminado decepcionando. El Real Madrid la apoyó inicialmente, pero pronto entendió que no suponía un cambio real.
El conflicto va más allá del césped. Según el periodista José Félix Díaz, existe un trasfondo que explica la situación.
Desde la Federación no habría gustado la postura crítica del Real Madrid. Y especialmente, su negativa a respaldar ciertas decisiones internas, como la reforma arbitral.
El clima se ha enrarecido. Y eso, según estas informaciones, podría estar influyendo en la relación entre ambas partes.
Hay un episodio concreto que ha encendido aún más la tensión. Durante un partido en el Santiago Bernabéu, el presidente federativo Rafael Louzán fue ubicado en la tercera fila del palco.
Un gesto que no sentó nada bien. Louzán esperaba un trato protocolario acorde a su cargo, cerca de figuras como Aleksander Ceferin.
Desde entonces, las relaciones se han enfriado aún más. Y el conflicto parece lejos de solucionarse.
Mientras tanto, la competición sigue su curso. Pero en el Real Madrid ya no confían en la neutralidad del sistema.
El riesgo es evidente. Si el Barça gana esta tarde al Espanyol, la distancia se ampliará a nueve puntos y el título quedará prácticamente sentenciado.
El club blanco se siente solo en esta batalla. Pero está decidido a mantener su postura.
La guerra con los árbitros… acaba de empezar.
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