MBappé y Francia le dieron una lección a España de cómo se comporta un favorito (Video del 3-1 a Senegal) | OneFootball

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·16 de junho de 2026

MBappé y Francia le dieron una lección a España de cómo se comporta un favorito (Video del 3-1 a Senegal)

Imagem do artigo:MBappé y Francia le dieron una lección a España de cómo se comporta un favorito (Video del 3-1 a Senegal)

Luego de un primer tiempo en que el conjunto africano ofreció dura resistencia -e hizo recordar por momentos los sucedido con España y Costa de Marfil- el máximo goleado galo en los mundiales convirtió dos tantos  que terminaron por desequilibrar un pleito hasta ese momento muy equilibrado

Hay encuentros que se deciden por la inspiración de una estrella y otros que encuentran su punto de inflexión en una decisión táctica. Francia necesitó de ambas cosas para derribar la resistencia de Senegal.

Bastó un ajuste aparentemente sencillo, pero de enorme impacto estratégico: intercambiar las posiciones de Michael Olise y Ousmane Dembélé para que el primero asumiera el rol de conductor por detrás del delantero. A partir de ese movimiento, el partido cambió de dueño.


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La acción decisiva nació precisamente de esa modificación. Olise, con mayor libertad para recibir entre líneas y ordenar los ataques, encontró el pase exacto para atravesar la compacta estructura defensiva senegalesa. El balón esquivó piernas, presiones y coberturas hasta encontrar a Kylian Mbappé en el lugar donde más daño puede hacer. Cuando el capitán francés recibe en ventaja y con espacios, suele ser una sentencia. El gol no fue una acción aislada, sino la culminación de un proceso que ya se venía gestando desde el inicio del segundo tiempo.

Para entonces, Francia había acumulado al menos cinco ocasiones claras. Dos habían sido neutralizadas por un inspirado Édouard Mendy, otra se perdió entre las interpretaciones arbitrales de una acción sobre Mbappé que ni siquiera la tecnología logró convertir en penalti, y varias más empezaban a evidenciar que el dominio del juego se estaba desplazando claramente hacia el conjunto de Didier Deschamps.

La superioridad francesa terminó de reflejarse en el marcador cuando Adrien Rabiot asistió a Bradley Barcola, quien apenas había ingresado al campo y ya encontraba la manera de ampliar la ventaja. Fue la confirmación de una realidad que contrastó radicalmente con lo ocurrido antes del descanso. Porque si bien la FIFA insiste en fragmentar los encuentros en cuatro períodos mediante las pausas de hidratación, la sensación futbolística fue la de un duelo partido en dos mitades perfectamente diferenciadas: una primera donde Francia desapareció y una segunda donde ofreció una demostración de jerarquía.

El propio Deschamps fue uno de los grandes responsables de esa transformación. Su intervención desde el banquillo modificó la dinámica ofensiva del equipo y permitió que sus principales figuras encontraran los espacios que no habían aparecido durante los primeros 45 minutos. Tan satisfecho quedó el seleccionador con la evolución de los acontecimientos que apenas consideró necesario introducir dos variantes más: el ingreso de Barcola, decisivo en el segundo gol, y el de Rayan Cherki, casi una formalidad para dejar constancia de su participación.

Lo cierto es que, al llegar al descanso, lo mejor que podía decir Francia era que seguía empatando. El resultado era mucho más amable que las sensaciones. De hecho, la última acción de la primera mitad había estado cerca de castigar severamente a los galos. Sadio Mané irrumpió con peligro y generó una ocasión manifiesta que Ismaïla Sarr no logró convertir. Fue el reflejo de una etapa inicial en la que Senegal se sintió más cómodo y competitivo.

Las dificultades francesas resultaban especialmente llamativas porque afectaban precisamente a sus hombres más determinantes. Olise tendía a cerrarse hacia zonas congestionadas, aumentando el embotellamiento ofensivo; Dembélé retrocedía demasiados metros en busca de contacto con el balón; Désiré Doué apenas encontraba protagonismo; y Mbappé acumulaba errores impropios de su categoría. Sobre el papel, Francia alineaba un arsenal ofensivo impresionante. En la práctica, producía muy poco peligro.

El problema no estaba únicamente en los atacantes, sino en la incapacidad colectiva para abastecerlos. El balón rara vez llegaba en condiciones favorables. Senegal, disciplinado y ordenado desde el primer minuto, consiguió bloquear los circuitos creativos de los franceses y obligarlos a jugar lejos de las zonas donde suelen marcar diferencias. La circulación resultaba lenta y previsible, permitiendo a los africanos defender sin excesivos sobresaltos.

La primera pausa de hidratación tardó en llegar y, mientras tanto, el encuentro avanzaba sin ocasiones reseñables. El momento más destacado apareció justo antes de ese paréntesis. Mbappé perdió una pelota comprometida, Sarr lanzó rápidamente la transición y Nicolas Jackson atacó el espacio con decisión. Su potente disparo se estrelló contra la madera y volvió a rozar la portería en el rebote tras impactar también en Mike Maignan. Fue la advertencia más seria de una Senegal que parecía más cercana al gol que su rival.

Ni siquiera el descanso técnico alteró demasiado el panorama. Con los jugadores hidratados y el césped refrescado, el partido reanudó exactamente donde se había detenido. Francia monopolizaba la posesión, pero lo hacía de manera espesa y estéril. Ni Aurélien Tchouaméni ni Rabiot lograban romper líneas mediante el pase o la conducción. Los laterales apenas encontraban profundidad. El juego se desarrollaba lejos de la portería de Mendy y las ocasiones seguían brillando por su ausencia.

Tan previsible era el ataque francés que una de sus pocas transiciones rápidas nació de una acción polémica. El árbitro iraní decidió no señalar un claro pisotón de William Saliba sobre Sarr, permitiendo la continuidad del juego. La actuación arbitral, por momentos desconcertante, ya había dejado señales en el inicio del encuentro, cuando sancionó una falta sobre el guardameta francés ignorando que el infractor pertenecía al mismo equipo que la supuesta víctima.

Así transcurrió el primer capítulo de la noche: con Francia atrapada en sus propias limitaciones y Senegal ejecutando con disciplina su plan de partido. Pero entonces apareció la capacidad de reacción que distingue a las grandes selecciones. Deschamps movió el tablero, reorganizó piezas y encontró soluciones donde antes solo había bloqueos.

A partir de ahí, el partido se inclinó definitivamente. Los ataques franceses comenzaron a sucederse con mayor fluidez y agresividad. Los espacios aparecieron, las combinaciones encontraron sentido y la calidad individual terminó imponiéndose. El pase de Olise y la definición de Mbappé simbolizaron ese cambio de escenario, pero fueron apenas la expresión más visible de una transformación mucho más profunda.

Ni siquiera el excelente tanto de Mbaye en el tiempo añadido logró alterar el desenlace. Mbappé respondió casi de inmediato para devolver la diferencia de dos goles y convertir el 2-0 en un contundente 3-1. En cuestión de minutos, Francia pasó de administrar una ventaja cómoda a cerrar el encuentro con una exhibición de contundencia.

Ante más de 80.000 espectadores, la selección francesa confirmó que sigue siendo una de las grandes candidatas al título. No porque dominara de principio a fin, sino porque demostró algo quizá más valioso en un torneo de esta magnitud: la capacidad de corregirse sobre la marcha, adaptarse a la adversidad y activar el inmenso talento de su denominado «Big Four» cuando el partido más lo exige. Esa flexibilidad táctica, unida a una calidad diferencial en los metros decisivos, explica por qué Francia continúa siendo una amenaza permanente para cualquier rival.

  1. Esta noticia fue redactada utilizando los adelantos técnicos propios de este sitio web. Se acepta cualquier reproducción en otro medio, ojalá citando la fuente:www.eldiariodesantiago.cl

/Dominique Hidalgo, corresponsal de todo futbol en Francia. Fotos: seleccion de Francia. Video:DSports

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