La Galerna
·04 de março de 2026
Rana y escorpión

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·04 de março de 2026

En la cruzada por reinventar el fútbol, o salvarlo, que para el caso resulta lo mismo, se nos dijo que era preciso colaborar codo con codo con el Fútbol Club Barcelona. Ante las imágenes de Laporta, el otro día en el palco del Camp Nou, saltando y cantando al grito unánime de «Madridista el que no bote», pensé en la famosa fábula de la rana y el escorpión.

De todos es sabido que la rana ayudó al escorpión a atravesar un río bajo la promesa de que el alacrán se abstuviera de picarle. Unos días antes, el bueno de Jan confesó ante su barcelonista audiencia que para que su club, un club imputado por cohecho y bajo investigación judicial por gravísimos indicios de adulteración de la competición y de corrupción del estamento arbitral español durante décadas, sobreviviera, había que acostarse con el enemigo. Lo dijo así: enemigo.
Cohecho viene del latín confectus, prima hermana de infectus y ambas parientes por facere, que significa hacer: hay cosas que no son posibles, como hacer un mundo nuevo con quienes pudrieron, contaminaron e infectaro todo lo viejo. Y ese error de fondo es quizá la mayor falta de Florentino, un hombre que hizo siempre de la vista larga y el plazo largo su mejor virtud estratégica.

Yo, que aquí en La Galerna escribí, hace unos cuantos veranos, que el regreso de Laporta podía ser estimulante en clave madridista, por suponer algo parecido a una oposición a la pax florentiniana, que la agitara y evitara el inevitable estancamiento de los laureles, no creía posible, desde luego, que gracias al mismo Florentino Pérez se alimentara la némesis hasta el punto de que, una vez alejado el fantasma de la quiebra técnica y aun con las tremendas sospechas de fraude que penden sobre ella, en lugar de mostrar agradecimiento el Barcelona escupiera en el rostro del que le tendió la mano.
El pago a las gestiones del que se especula heredero de Pérez, el visir Anas, para conseguir el oxígeno financiero que el Barcelona precisaba para no reblar, fue la última traición ante la UEFA a colación de la Superliga. Que, por lo que vimos el viernes en el sorteo de las eliminatorias de la Champions League, ha empezado por abrirle al equipo de Hansi y Lamine un cuadro, en la actual edición del torneo, propio de la Europa League.
Se suele decir que los enemigos que se tienen hablan de la calidad de uno mismo. Yo espero que eso no sea verdad pues, entonces, los enemigos del Madrid no podrían contar una historia peor sobre el Real
En la fábula, como es sabido, el escorpión no cumple su palabra y acabó dándole un puyazo mortal a la rana, pues esa era su naturaleza. Como madridista es fácil llegar a la conclusión, al menos para mí, que si para salvar el fútbol era imprescindible irse a la cama con una zahúrda semejante, habría sido mejor dejar el fútbol tal y como estaba. O que desapareciera.

Laporta brinca y debiera tener cuidado, visto lo que sabemos de su fragilidad cardiovascular. Mientras, en Madrid, el codicioso mercader que antaño fungió como defensa central, Piqué, camina por las huellas que dejó Jan en el marketing cubriendo la ciudad con lonas en las que pretende ridiculizar a Arbeloa. La única verdad es que en big 2026, como se dice en lenguaje tuitero, Arbeloa entrena al Real Madrid Club de Fútbol y Piqué, ¿qué es Piqué? Tan sólo un buen ejemplo del avida dollars daliniano pero, vive Dios, sin la gracia del genio de Cadaqués. Pues al fin y al cabo alguien también investigado judicialmente junto al ínclito ex-presidente de la Federación Española de Fútbol por corrupción en los negocios, administración desleal y blanqueo de capitales a cuenta de llevarse la Supercopa a Arabia Saudí mientras ejercía de capitán del Barcelona, y hacerla feminista, no tiene tiempo para cultivar el salero: todo su tiempo sólo puede dedicarlo a facturar.
Laporta y Piqué son lo que son, exactamente el reflejo fiel de la cosmovisión llamada Fútbol Club Barcelona, de la cual son materia, hijos, sangre de la misma sangre y carne de la misma carne. Estos son los grandes molinos de viento con que se encuentra el Madrid en su interminable camino por el laberinto de La Mancha. Que, como en el poema de Borges, no tiene principio ni, parece, que final.
¿Por qué existe el Madrid? Se podría decir que para negar, con su misma existencia, la maldad de los contrarios.
Se suele decir que los enemigos que se tienen hablan de la calidad de uno mismo. Yo espero que eso no sea verdad pues, entonces, los enemigos del Madrid no podrían contar una historia peor sobre el Real. Y yo he crecido creyendo que el Madrid es una cosa mucho mejor que la envidia de los piojos nacidos del cadáver de la corrupción del mundo. El Madrid debe aspirar a serlo, desde luego, y quizá esa temporada sólo tenga como sentido el ejercer la justicia al modo del caballero errante ser Duncan el Alto en El caballero de los Siete Reinos: partirse el brazo y la cara por los inocentes con todos los laportas y piqués que hay bajo el sol.
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