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·11 de março de 2026

Realismo mágico en el fondo norte

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Llegaban los octavos de final de la Champions y el Tottenham Hotspur, un rival inédito en esta era de éxitos a la que Simeone ha acostumbrado a la parroquia rojiblanca. Venían mal los ingleses, con una racha desastrosa en la Premier que les ha llevado a pelear apenas por la supervivencia y se podía prever que el Atleti sería superior, que el Atleti podría administrarles otra derrota, pero lo que sucedió fue más allá de una simple derrota, algo difícil de entender, si no es de la perspectiva del realismo mágico que se ha instalado en el Fondo Norte del Metropolitano desde el día del Barcelona y que hace que sucedan cosas que parecerían inverosímiles y que desde luego son extraordinarias. En el minuto veintidós, el Atleti ya ganaba cuatro a cero. Llorente abrió el marcador ajustando un remate dentro del área tras una pérdida del portero del conjunto inglés, Kinksky, en el minuto seis. En el catorce, tras una presión asfixiante del Atleti, que había olido el miedo en su presa, hubo otra pérdida extraña y Griezmann anotó con exquisita clase, dejando al portero al borde del ataque de nervios. Pero un minuto después, en el quince, el cancerbero checo erró un despeje y le dejó la pelota muerta a Julián, que solo tuvo que empujarla pera el tres a cero. Aquello era un manicomio. Y el entrenador del Tottenham, Tudor, intentó poner cordura haciendo algo doloroso pero tal vez necesario. Quitó al portero en el minuto diecisiete y éste se llevó una gran ovación del Metropolitano. No fue una ovación de burla, ni de sorna, ni siquiera de agradecimiento, fue un aplauso de compasión, tan solo se oía decir “pobre chaval”, mientras que entraba el nuevo portero y se reanudaba la locura.

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MADRID, SPAIN – MARCH 10: Julian Alvarez of Atletico de Madrid scores his team’s third goal, as Antonin Kinsky of Tottenham Hotspur looks dejected during the UEFA Champions League 2025/26 Round of 16 First Leg match between Atletico de Madrid and Tottenham Hotspur FC at Estadio Civitas Metropolitano on March 10, 2026 in Madrid, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)


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Porque lo que siguió fue otro gol, esta vez de Le Normand, rematando de cabeza tras una pelota parada. Vicario, el nuevo arquero, llevaba cinco minutos en el campo y ya había encajado su primer gol, el cuarto de su equipo. El Metropolitano pasó de la euforia a un estado de incredulidad. Era la Champions. Eran los octavos. Era el Tottenham. Y era un cuatro a cero, en veintidós minutos. Pedro Porro en el veintiséis, tras un desajuste defensivo un tanto grosero en la izquierda, marcó un gol para el conjunto inglés y aquello fue como una inyección para dormir el partido hasta el descanso. A Simeone casi le da un ataque en la banda.

Tras la reanudación, los ingleses, tocados en su orgullo, estuvieron mejor plantados. Incrementaron la agresividad hasta el punto de que se Richarlison y Van de Ven se jugaron sendas rojas por entradas durísimas a Llorente y Hancko, pero aquello les sirvió para reconciliarse consigo mismos, no con su hinchada, que había abandonado el estado hacía media hora. Mejoraron hasta el punto de que pudieron acortar distancias en un remate soberbio de cabeza que sacó Oblak en parada milagrosa. En la misma jugada, tras un patadón para el despeje, Griezmann tocó sutil, de espuela, con el frac, para dejar en ventaja a Julián, que corrió desde su propio campo como un bisonte desbocado, llegó al área, cruzó, e hizo el quinto. Simeone pedía más, sabía que la serie se liquidaba en ese momento, e hizo cambios. Introdujo a Sorloth, a Nico, a Koke,  a Barrios, buscó que el refresco trajera la sentencia definitiva, si es que no estaba ya, pero los cambios entraron como estaba el estadio, fríos, y en el setenta y seis, en un fallo estrepitoso de Oblak, que saldó con el error su paradón anterior, el Tottenham hizo el que parecía un gol de honra más que una posibilidad de nada. Cinco a dos al final, un resultado que dejó sabor amargo porque todos esperaron por un momento un marcador escandaloso, un resultado que muestra lo mejor del equipo: cuando va, a veces, es imparable, y también lo peor: casi con nada, le hacen gol. Un resultado para ir a Londres con cierta tranquilidad, mientras se aprende en el camino.

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