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·19 de março de 2026
Romo, el goleador del Domingo de Ramos, se despide

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·19 de março de 2026

El nombre de José Ramón González Romo vuelve a resonar entre los aficionados del Real Betis Balompié. Esta vez no lo hace por un gol reciente ni por una aparición mediática, sino por el cierre de una etapa muy especial: su jubilación como conductor de autobuses tras toda una vida ligada a la ciudad de Sevilla.
Porque la historia de Romo no es solo la de un futbolista. Es la de un sevillano que pasó del césped al asfalto sin perder nunca su esencia.
Formado en la cantera verdiblanca, Romo debutó en Primera División en enero de 1982 con apenas 18 años. Su irrupción fue fulgurante: solo dos semanas después marcó su primer gol con el Betis, convirtiéndose en el goleador más joven del club en la máxima categoría.
Durante casi una década defendió la camiseta bética, alternando etapas de protagonismo con cesiones y regresos. Aun así, su nombre quedó grabado en la memoria de la afición por momentos muy concretos. Y uno de ellos es ya historia del fútbol sevillano.
La temporada 1985-86 fue la mejor de su carrera. Disputó 25 partidos de Liga y anotó siete goles. Pero hubo uno que trascendió el tiempo.
Fue en un derbi ante el Sevilla FC, disputado en pleno Domingo de Ramos. Aquel día, Romo marcó el gol de la victoria para el Betis.
La ciudad hizo el resto. Entre la guasa y la memoria popular, aquel partido pasó a conocerse como el “Domingo de Romo”. Un juego de palabras que, décadas después, sigue vivo en la tradición oral del beticismo.
Un gol, un día… y una historia eterna.

Foto @Javi_el_Malaje
Tras su etapa en el Betis, Romo continuó su carrera en el Cádiz CF y el Recreativo de Huelva, donde colgó las botas en 1993.
Lejos de los focos, comenzó una nueva vida profesional como conductor de autobuses en TUSSAM. Durante años recorrió las calles de Sevilla, esta vez sin ovaciones, pero con la cercanía de los ciudadanos que compartían trayecto con él cada día.
Una vida discreta, honesta y profundamente ligada a su ciudad.
Ahora, con su jubilación, Romo cierra también esa segunda etapa. Y con ella, se abre inevitablemente la puerta a los recuerdos.
Su historia es la de muchos héroes silenciosos del fútbol: aquellos que no ocuparon portadas constantes, pero que dejaron momentos imborrables. En su caso, basta con mencionar aquel Domingo de Ramos para entenderlo todo.
Porque hay goles que no se olvidan. Y hay nombres que, aunque pase el tiempo, siempre encuentran la manera de volver.
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