La Galerna
·03 de fevereiro de 2026
Silbidos de España y Portugal

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Tras las derrotas en Albacete y Lisboa, el aficionado ha tenido a bien expresarse con pitadas para demostrar su disgusto con el desempeño del equipo. El que escribe considera incluso un deber como madridista el manifestarse, y si es con silbidos, que sea, bien para oídos de directiva, dirección técnica o plantilla. Ahora bien: si manifestarse es obligatorio, será para lo malo y para lo bueno, y sería fantástico que cuando tocase alentar no se escuchase solamente a la grada de animación, tan criticada estas semanas por cometer el mayor de los pecados: apoyar a su equipo cuando más lo necesita.
Históricamente, el Bernabéu ha pitado, no por perder, sino porque entiende que los once que están en el verde y representan a la entidad madridista no lo están dando todo. La derrota es parte del éxito y, por supuesto, el club más exitoso de la historia tiene que perder de vez en cuando (menos de lo que les gustaría a muchos, ya lo sentimos). Esto, el aficionado lo ha entendido siempre, y cuando ha demostrado su desagrado es porque perdona la derrota, mas no la indolencia.

Pero todos los tropiezos de esta temporada, con distintos entrenadores, ¿han sido causa de esta supuesta dejadez? ¿Se han perdido partidos porque los jugadores se ahorran esfuerzos, o porque el extremo no controla el balón como la afición quiere? ¿Se han dejado puntos porque la plantilla está pensando en dónde salir esta noche, o porque el mediocampo no es el de cuatro Copas de Europa en cinco años? ¿Hay que jugar dieciseisavos de Champions otro año más porque estos futbolistas se creen dioses, o porque estos futbolistas no son los dioses que nosotros esperamos que sean?
El seguidor debe pitar si encuentra rasgos de desidia en los futbolistas, pero es ingenuo pensar que un silbido va a conseguir que den un pase al hueco. Es probable que la afición no esté aceptando que la actual plantilla aún no puede dar lo que ellos desean, que no es apatía sino precocidad, y que toca esperar en el club que nunca espera.
El seguidor debe pitar si encuentra rasgos de desidia en los futbolistas, pero es ingenuo pensar que un silbido va a conseguir que den un pase al hueco
Otra cuestión es el acierto en la pitada: los silbidos sirven para mostrar desacuerdo, por lo que pitar antes del encuentro, al descanso o después, sirve para que directiva y plantilla se cercioren de que la afición no está contenta. Hacerlo mientras se juega, propicia que los jugadores puedan desconcentrarse y es contraproducente. El futbolista ya sabe que el que silba no está contento, por tanto, cuando tenga que demostrar su desempeño, necesitará apoyo, no pitadas que le puedan poner nervioso.
Se está entrando en un peligroso bucle de tener un partido malo; el público pita en el siguiente; se gana; y eso reafirma al aficionado, creyendo tener razón y que el buen resultado del equipo se debe a la orquesta de viento. Y vuelta a empezar. Tal suceso solo conllevará que cada vez el desempeño en el terreno de juego sea peor y, por consiguiente, mayor el enfado del público. Y entonces, cuando el Bernabéu silbe, a los jugadores les importará un pito.
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