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·21. Januar 2026

El Atleti con la mosca detrás de la oreja pita István Kovács

Artikelbild:El Atleti con la mosca detrás de la oreja pita István Kovács

Un precedente que pesa.Un historial negro, imposible de ignorar. La atención no estará solo en el césped.

El Atlético de Madrid afronta esta noche un partido decisivo ante el Galatasaray en la UEFA Champions League. Un duelo de máxima exigencia. Un escenario europeo de primer nivel. Y un factor externo que vuelve a centrar miradas antes incluso de que ruede el balón: el árbitro designado será István Kovács

No es un nombre cualquiera para el conjunto rojiblanco. Tampoco pasa desapercibido en el cuerpo técnico ni en el vestuario. Los antecedentes están ahí. Son recientes. Y son claros. Cuatro partidos dirigidos al Atlético de Madrid. Cuatro derrotas. Un pleno negativo que convierte la designación en un foco de atención añadido.


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El último precedente es especialmente sensible. Se produjo en el Mundial de Clubes. Un encuentro que acabó con eliminación y con una sucesión de decisiones arbitrales que marcaron el desarrollo del partido. No se trata solo del resultado. Se trata del contexto.

En aquel choque, Nuno Mendes evitó una ocasión manifiesta siendo último hombre. La expulsión parecía clara. El colegiado optó por no mostrar la tarjeta roja. La jugada condicionó el arranque y dejó sensación de permisividad en acciones clave.

Más adelante llegó un gol anulado al Atlético de Madrid. La falta señalada se produjo mucho antes de la finalización. No tuvo incidencia directa en la jugada. Aun así, el tanto fue invalidado. El marcador no se movió. El enfado sí.

El criterio disciplinario también fue protagonista. Siete faltas cometidas por el conjunto rojiblanco. Siete tarjetas amarillas. Cada infracción acabó en amonestación. El equipo jugó bajo amenaza constante. El margen de error se redujo al mínimo.

La situación empeoró con una expulsión por protestar. El Atlético de Madrid se quedó con diez jugadores sin que mediara una entrada dura. La inferioridad numérica cambió el guion del partido. El rival ganó espacio. El desgaste se multiplicó.

El penalti señalado en contra terminó de decantar el encuentro. Una acción interpretada de forma estricta. El gol llegó. Y con él, la necesidad de remar contracorriente una vez más.

El añadido fue otro punto de fricción. Siete minutos de descuento. Tiempo suficiente para que llegara un nuevo gol. Ese tanto selló la eliminación. El balance final dejó una sensación amarga difícil de digerir.

Con ese precedente, el Atlético de Madrid salta hoy al césped sabiendo que deberá controlar todos los factores. El futbolístico y el emocional. La gestión de las protestas será clave. También la concentración defensiva. No hay margen para errores ni para reacciones fuera de tiempo.

El Galatasaray espera. El ambiente será hostil. El contexto, exigente. Y el árbitro, conocido. El Atlético de Madrid no busca excusas antes de jugar. Pero tampoco ignora lo ocurrido. Esta noche, en Champions, cada detalle contará. Y el silbato volverá a estar bajo la lupa.

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