Un 10 Puro
·5 March 2026
LaLiga, obsesionada por la piratería, deja sin internet a miles de pymes y hogares

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·5 March 2026


El presidente de LaLiga, Javier Tebas, interviene en la World Football Summit.Europa Press
En los últimos fines de semana, la batalla contra la piratería del fútbol en España ha adquirido un matiz no solo técnico, sino casi surrealista: la estrategia de LaLiga de Javier Tebas para cortar las emisiones ilegales de los partidos ha terminado por “apagar” Internet a mucha gente que nada tenía que ver con ver fútbol en directo. Una consecuencia que, más allá de su impacto en la piratería, ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto merece la pena sacrificar la neutralidad de la red y la actividad económica de miles de pymes por combatir algo que en esencia es un síntoma de mercado?
La estrategia ha sido insistente: cada domingo, cuando se disputan los encuentros de la jornada, LaLiga ha usado una sentencia judicial para ordenar a los principales proveedores de internet que bloqueen una serie de direcciones IP relacionadas con servicios de distribución de contenidos, con la idea de hacer imposible que las webs piratas transmitan partidos.
El problema, tal y cómo ha revelado el programa Lo que viene de la Cadena COPE, citando a numerosos expertos en redes, es que esas direcciones IP no son exclusivamente de piratas: muchas veces son compartidas por servicios legítimos, negocios online, blogs, tiendas o plataformas corporativas. El resultado es que miles de webs de pymes quedan inaccesibles desde el viernes al domingo, justo cuando muchas de ellas concentran buena parte de sus ventas y actividad.
Es una paradoja: LaLiga se empeña en combatir un fenómeno que, en parte, nace de precios elevados y modelos de acceso fragmentados —que empujan a muchos aficionados a buscar alternativas más baratas o gratuitas—, y lo hace con una herramienta que castiga a los inocentes. En vez de atacar la raíz —un mercado con ofertas más asequibles para el consumidor—, se dedica a tirar de “matar moscas a cañonazos”, bloqueando carreteras enteras de Internet para tratar de frenar un goteo.
El debate está servido: ¿Es legítimo que el organismo privado que preside Javier Tebas tenga poder para degradar el servicio de red de millones de usuarios en nombre de sus derechos de explotación? ¿No sería más sensato replantear los modelos de distribución del fútbol antes de imponer soluciones que, en nombre de proteger a la industria, perjudican a toda una economía digital que no tiene nada que ver con la piratería?
En cualquier caso, lo que ocurre cuando el fútbol entra en la infraestructura de Internet ya no es un asunto de solo derechos de imagen: es una polémica sobre libertades digitales, justicia económica y el equilibrio entre proteger un negocio y respetar la red abierta que da vida a millones de empresas y ciudadanos.









































