Réquiem por un "genio" | Alianza Lima 1 - Sportivo 2 de Mayo 1 | OneFootball

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·12 February 2026

Réquiem por un "genio" | Alianza Lima 1 - Sportivo 2 de Mayo 1

Article image:Réquiem por un "genio" | Alianza Lima 1 - Sportivo 2 de Mayo 1

Mientras me preparo para escribir, una extraña voz revolotea en mi mente cual incansable díptero, repitiendo una frase tan vieja, tan conocida y tan demencial como valorada: “hay que respetar los procesos”. Recuerdo que se usaba mucho en los noventa, sobre todo para defender a los técnicos de la selección mayor a quienes, naturalmente, les iba mal. Luego sucedía algo que, aun siendo niño, no me cuadraba del todo: una vez consumada alguna eliminación —de las tantas que hubo y seguirá habiendo—, los periodistas deportivos con mayor tribuna no dudaban en culpar al hincha por el fracaso del “equipo de todos”, apelando al inmediatismo y al “no saber de fútbol”.

Entonces pensaba: ¿cómo mi padre o mi tío, desde la comodidad de sus sofás o desde la incomodidad de sus centros de labores, podían influir en un grupo de treinta sujetos millonarios que no conocían ni frecuentaban? Ah —pensé—, quizá se refieran a los que están en el estadio y les gritan cosas desde la tribuna. Pero cuando empecé a ir a los estadios comprendí de inmediato que, más allá de compartir tiempo, lugar, espacio y aire —y de que alguna vez algún jugador voltee a mirarte solo para demostrar su desprecio—, no era mucho —por no decir nada— lo que podíamos hacer para cambiar las cosas que decidían dirigentes, técnicos y jugadores.


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Entonces, ¿cómo es que, si un equipo fracasa por cambiar en medio de una temporada —sea de DT o de jugadores—, termina siendo culpa del hincha que exigía cambios solo porque veía al cuadro de sus amores jugando mal y/o perdiendo? ¿Qué demonios debía suceder en el camino para que las consecuencias negativas de aquella decisión, tomada por un muy bien asalariado empleado del fútbol —al que tan bien le pagan precisamente para tomar esas decisiones—, terminen siendo nuestra culpa? Curioso, cuando menos.

Así que, al menos en este pequeño espacio, amigo, amiga o amigue, siéntete libre de pedir la salida de quien tú creas que está atentando contra el club que amas. ¿Sabes por qué? Porque si el club termina “haciéndote caso”, no te estará realmente haciendo caso a ti. Ni mucho menos a mí, por supuesto.

Empecemos a hablar de lo que fue esta derrota global ante 2 de Mayo. Y cuando digo “global” no me refiero necesariamente a la suma de los marcadores de ambos partidos; ya saben, últimamente el nombre de Alianza Lima ha dado la vuelta al mundo por razones no tan positivas.

Análisis del Alianza Lima 1 - Sportivo 2 de Mayo 1 | El verdadero 'Matutazo'

Tras la ingrata experiencia en la ida, Alianza Lima debía haber aprendido de sus errores y corregirlos para poder, finalmente, demostrar que la diferencia de más de diez millones de dólares entre los presupuestos de uno y otro equipo no iba a ser una mera estadística aledaña. Alerta de spoiler: no fue así.

El genio y revolucionario del fútbol, Pablo Guede —esperen, me pongo de pie—, decidió hacer gala de su sapiencia y plantear un equipo inédito para este importante encuentro. Las grandes novedades fueron la inclusión de dos de nuestros tres nueves en el once titular y una nueva tarea para uno de los jugadores con mejor rendimiento en lo que va de la temporada: Jairo Vélez.

—¿Qué es lo que mejor venía haciendo el ecuaperuano? —habrá preguntado Guede.

—Un box to box muy eficiente —le habrá respondido alguien.

—Pues bien, eso se acabó.

Ahora sería un volante de primera línea con funciones mixtas, encargado de acompañar en la marca a Gianfranco Chávez, quien, por cierto, desde que dejó de tener al lado a Jesús Castillo, solo nos ha permitido reconocerle esfuerzo.

El resultado de esta y otras pequeñas novedades fue que Alianza Lima dejó atrás el discurso bielsista y combinó, en cambio, lo peor del bengoecheísmo y del sosismo en una noche para el olvido: pelotazos infructuosos, jugadores que se estorbaban, cero ideas en el medio, puro ímpetu y un único objetivo final: dársela a Eryc para ver qué se inventaba. Y bueno, correr como gallinas decapitadas. Poco más.

2 de Mayo, al que se le ha ninguneado —me parece— más de lo necesario, terminó demostrando, tanto en Paraguay como en Lima, ser un equipo de táctica y despliegue envidiables para cualquier club peruano de la actualidad. Aprovechó muy bien esta “idea de juego” y la neutralizó por completo. Ello, además —y más meritorio aún—, sin perder el horizonte ofensivo.

Y digo esto porque el genio Guede, el incomprendido Pablito, salió anoche a decir en conferencia de prensa que el cuadro de Pedro Juan Caballero casi no le pateó al arco. Mentira. El Gallo del Norte dispuso de varias ocasiones de gol; de hecho, más de las que podría contar para el Equipo del Pueblo en la noche de ayer. Así que no es que nos ganaron con jugadas aisladas y bien tirados atrás —algo que, por cierto, habría sido más que válido—, sino que, dentro de su planteamiento defensivo, salieron a buscar el partido con criterio y una gran dosis de corazón.

Sin embargo, llegó la jugada del primer penal. Claro a favor de los victorianos, eso no se discute. El problema vino después, cuando todos vimos que Castillo tomó el balón y terminó fallando una oportunidad dorada para cerrar el primer tiempo con ventaja. Sobre Guerrero hablaré en un párrafo aparte.

Ese cero a cero al final de la primera parte fue casi como un gol más para 2 de Mayo. No solo habían mantenido el invicto, sino que además Ángel Martínez, su arquero, agigantó exponencialmente su figura.

Por cansancio o mera insistencia, Alianza Lima empezó el segundo tiempo en campo rival, complicando una que otra salida paraguaya. Martínez respondió bien cuando fue exigido. Seis minutos después del inicio, ingresó Cantero por un desgastado y mal utilizado Girotti. Poco después, 2 de Mayo tuvo una clara frente a Duarte, pero no pudo concretar.

Quevedo y Gaibor ingresaron por Gentile y Vélez, buscando más orden en el medio y desequilibrio por los lados. De ello solo se consiguió lo primero. Alianza mejoró bastante con la entrada del ecuatoriano, quien se posicionó en el centro y empezó a distribuir con buen criterio. De sus pies comenzaron a brotar jugadas de peligro significativo para 2 de Mayo, aunque sin la contundencia necesaria, hasta que, tras un pase en cuchilla de Castillo, llegó el bombazo de Lucho Advíncula. Para mí, dicho sea de paso, de los más rescatables de la noche.

Por fin Alianza encontraba la ansiada ventaja, esa que debía darle una cuota de tranquilidad para ir en busca del segundo. Pero, repito, 2 de Mayo tiene un despliegue táctico de nivel y, en una sola incursión que parecía inofensiva, Duarte terminó cometiendo el penal que, a la postre, significaría el empate y la eliminación.

¿Dudas sobre el penal? Para mí, ninguna. Fue falta clara. Y aquí me permitiré citar a mis amigos y compañeros Diego y Adrián, quienes anoche, en el programa en vivo de EBI TV, criticaron al ex-San Martín por tan torpe salida, comparándola con la que hizo Viscarra en la ida. En efecto, más allá del buen pasado de Duarte y de las buenas intenciones de quienes quieren recuperarlo, las diferencias entre el titular y el suplente saltaron a la vista en esa jugada puntual.

¿Lo más preocupante? Que Viscarra estaría regresando a las canchas en aproximadamente un mes y medio. Mientras tanto, Duarte tendrá que ingeniárselas para volver a ser el de hace casi diez años. Con fe, se diría.

Volviendo al partido, el empate mató anímicamente a Alianza Lima. Nadie, empezando por los supuestos líderes del equipo, pudo reanimar el cadáver. La última jugada, en la que Guerrero pierde tontamente una pelota que bien pudo terminar en el segundo de 2 de Mayo, fue la nota final del réquiem.

La blanquiazul, sin líderes que se hagan notar en aspecto alguno, terminó perdiendo la llave ante un equipo con menos de cinco millones de dólares de presupuesto. Un equipo al que se le malogró el bus en el viaje a Asunción. Un equipo debutante en la Libertadores. Un equipo sin mística ni historia detrás, pero con jugadores con hambre de gloria y un DT que nunca será un genio revolucionario del fútbol, pero que sabe perfectamente lo que quiere. Aplica, ejecuta y lidera. Un DT al que se le puede creer cada palabra que dice. Alguien en quien se puede confiar.

El día en que dejé de creer en ti

Hasta antes del resultado de ayer, quien escribe tenía como foto de perfil en X una imagen de Paolo Guerrero tras el gol que le anotó a Sporting Cristal en el Apertura 2025. Aquella tarde, cuando se señalaba el escudo y decía ante cámaras “esto es Alianza”, yo le creí. ¿Y cómo no hacerlo? ¡Es Paolo Guerrero, carajo! Acaso el mejor delantero de la historia de nuestro fútbol, sobrino de Caíco y, en su prime, mínimo un top 20 mundial.

Pero lo de ayer cambia muchas cosas. Era un momento fundamental del partido en el que había que patear un penal igual de fundamental. Esa responsabilidad no solo debía recaer en Guerrero por ser nuestro capitán; además, es nuestro goleador. Y yendo más allá: este es el mismo tipo que se paró frente a un estadio lleno de brasileños para empatar —transitoriamente— una final de Copa América. ¿Qué podía detenerlo, si no él mismo y sus propios temores?

Todos lo vimos haciéndose a un lado cuando debía morir con la pelota bien pegada al pecho hasta que todos lo dejaran solo en el punto de penal. Que le dijeran aniñado, engreído, pañalón, hijito de doña Peta, da lo mismo. Nunca sería peor que llamarlo “cobarde”, como lo estamos llamando ahora. Porque, sí, lo que hizo fue un acto de cobardía que nadie va a olvidar y que solo se le podría perdonar si anota un gol de campeonato en una situación adversa similar.

Por ahora, si alguna decisión tuviera que tomar Guede —si sigue en Alianza, porque todo es incierto— al respecto, sería evaluar si merece esa cinta o si hay jugadores que, por liderazgo y sacrificio, la merezcan más en este momento. Sería un golpe duro para el Depredador, pero también justo. Y lo que haga después de ello dependerá de su madurez humana: o patear el tablero o recuperar esa cinta con empuje y seriedad.

Igual podría ser una paja mental mía y, ante Sullana, vuelve a aparecer con la cinta como un acto simbólico de respaldo. Pero para muchos —y me incluyo—, ayer dejó de ser el capitán de Alianza Lima.

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¿Debe irse Guede?

En concreto: para mí, sí. La película de los DT revolucionarios ya la pasaron muchas veces en La Victoria y casi todas terminan mal. Guede no conecta con sus dirigidos, no se entiende lo que quiere hacer y apostaría lo que sea a que los propios jugadores sufren para entenderlo y llevar a cabo sus ideas.

Y aquello que muchos ven como un gran factor a favor de Guede —que apenas hayan pasado dos fechas de la Liga 1— es, para mí, un motivo que refuerza mi postura: con el torneo recién comenzado, el nuevo comando técnico podría tener más tiempo para encaminar al equipo. Ya se ha visto otras veces, y es mentira que siempre salga mal: nos pasó con la salida de Bustos y la llegada de Salas; y en la ‘U’, con la salida de Compagnucci y la llegada de Fossati.

Pero el orden debería ser el correcto: la renuncia original tendría que ser la de Franco Navarro. Con ello, tendría que irse Franquito Junior y, finalmente, Guede. ¿Por qué? Porque los Navarro ya no tienen espalda para echar a nadie. Debieron irse cuando botaron a Gorosito, y ellos lo saben. ¿Cómo podrían sustentar, ante sus superiores, un nuevo despido sin que ello impacte en su evaluación como gestores deportivos?

Si alguien está esperando que los Navarro ejecuten a Guede, me temo que es en vano. Antes deben irse ellos, y no creo que tengan la más mínima intención de hacerlo. De todos modos, esto es fútbol peruano, esto es Alianza, y todo puede suceder.

Próxima cita

Este sábado a las 8:00 p. m., en Trujillo, Alianza Lima tendrá una gran oportunidad para lavarse el rostro ante Alianza Atlético de Sullana. Veremos cuánto afectó al equipo el golpe de la eliminación o si es capaz de hacer borrón y cuenta nueva para continuar con buen pie el camino hacia la obtención de lo único a lo que podemos aspirar este año. Y ahí estaremos, alentando.

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