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La Galerna

·4 de abril de 2026

2-1: El Madrid paga en Mallorca su incalificable laxitud

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Decía Arbeloa en la víspera que tenía encendidas 724 alarmas (creo citar correctamente la cifra) con este partido. Pocas eran. El Madrid empezó perdiendo el partido jugando de manera decente pero con extrema inocencia en las áreas. Lo terminó perdiendo rematando la derrota con un juego indecente en la segunda mitad.

Arbeloa alineó una curiosa amalgama de estrellas (volvía Mbappé al once), meritorios (Manuel Ángel de salida), y jugadores pendientes de recuperar jerarquía (Camavinga, Trent). En el banquillo aguardaban su oportunidad figuras de la talla de Vinícius, Bellingham o un resucitado Militao, además de valores emergentes como Thiago Pitarch, reservado —suponemos— para la altísima encomienda del Bayern. En su casa, frente a la tele, acompañado por su esposa e hijos, contemplaba los prolegómenos Fede Valverde por cortesía de Munuera Montero.


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El Madrid dominó en los primeros compases, si bien el Mallorca protagonizó la aproximación más peligrosa con un balón que se paseó por el área pequeña ante la extraña inacción del hoy capitán Lunin. Manuel Ángel por la derecha, Güler más escorado a la izquierda y Tchoamevinga en el doble pivote. La cosa fue derivando poco a poco a un contenido intercambio de golpes, con un Mallorca metiendo amenazantes centros a la cabeza de Muriqi y un Mbappé que metió un balón al segundo palo para el cabezazo inocente de Manuel Ángel.

En el minuto 22, llegó la primera de las dos grandes ocasiones que disfrutó Mbappé para mayor gloria de Leo Román. En la primera, el francés recibió un gran pase con el exterior de Güler, pero el portero mallorquinista salió con eficiencia a sus pies. En la segunda, el sensacional pase fue de Camavinga, y el disparo angulado de Kylian lo despejó homéricamente a córner el guardameta. Real Madrid, consagrando guardametas rivales desde 1902. “Estas ocasiones falladas luego las pagas”, dijeron millones de madridistas en sus casas. Millones de madridistas no pueden equivocarse.

Para terminar de acrecentar el contraste entre el buen juego blanco y su inocencia en el área, una larga y brillante jugada por banda derecha culminó en un centro de Trent y un remate de Güler que volvió a salvar Leo Román. No todo, sin embargo, serían opciones para los blancos. Una maniobra espectacular de Muriqi al borde del área pequeña la rebañó in extremis Rüdiger, pifiándola de cabeza, en el rechace, Morlanes. Se veía a Lunin demasiado volcado sobre la línea de gol.

las esperanzas de seguir vivos en la liga consisten en una derrota del club cliente de Negreira… ante el Atlético de Madrid. Rían con toda la amargura de que sean capaces

Fue la antesala de la tragedia. Un centro de Maffeo fue controlado a placer por el propio Morlanes, que fusiló a Lunin. Sin noticias defensivas de Huijsen y Tchouaméni en la jugada. Tampoco Camavinga siguió a su hombre. Posiblemente Lunin no habría podido pararla, pero podía haberse tirado en la dirección adecuada pues, que se sepa, no se trataba de un penalti.

Con la amarga sensación de ir perdiendo por su inoperancia en ambas áreas, llegaba el Madrid al descanso.

Sorprendente la falta de cambios al descanso, aunque enseguida empezarían a calentar Vini, Bellingham y Militao, y malas sensaciones las que inauguraron el segundo tiempo, con un Madrid a merced de la posesión mallorquina y sin aproximarse al área local. No daban los de Arbeloa sensación de estar perdiendo a borbotones sus opciones ligueras, pero tal era la realidad. Mbappé, eso sí, se internó una vez más por la izquierda, obligando a Leo Román a una nueva intervención, aunque esta vez ventiló la inconveniencia sin mayor alarde.

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Al borde de la hora de juego, se decidió Arbeloa con los cambios. Aparecieron Vini, Bellingham y Militao. Maffeo vio su vida realizada y empezó con sus gestitos de cara a la galería. No importa, cae como el orto incluso a los suyos.

El Madrid había pasado de jugar decentemente y perder a ir perdiendo jugando muy mal. Los cambios no servían de nada y, encima, Luvumbo sembraba el pánico por la derecha. De hecho, veíamos un Madrid desmadejado, flojo y sin alma, mucho peor que el del primer tiempo. Resultaba incomprensible el trote cochinero del equipo cuando perdía la liga a marchas forzadas.

Quedaban veinte minutos y los blancos daban una lección incalificable de laxitud. Güler se fue y entró Pitarch. El Mallorca encadenaba córners ante la desidia visitante. Millones de madridistas se desgañitaban de indignación en sus casas mientras los únicos que podían hacer algo por aliviar su exasperación parecían insensibles a esa realidad, pese a conocerla. Entró Mastantuono por Brahim. Nadie sabía si la inoperancia del Madrid superaba a su falta de nervio, o viceversa.

Tchouaméni soltó un tirito desviado tras una jugada voluntariosa de Trent y Mastantuono. Los minutos se iban raudos, en crudo contraste con la pachorra blanca. De pronto, era el minuto 80 en todos los relojes. El Madrid fallaba hasta en gestos técnicos de los que enseñan a los juveniles. ¿Nervios? ¿Falta de tensión? Algo inaceptable en cualquiera de los casos.

No es que el Madrid tuviera toda la pinta de perder. Es que no inquietaba lo más mínimo. Maffeo triunfaba ante Vini y Mbappé sin necesidad de jugar sucio.

De repente, cuando ya nadie daba un duro por los blancos, un córner de Trent fue ejemplarmente rematado por Militao, que se elevó a los cielos para dar algo de esperanza. No tardó en irse todo a la mierda nuevamente. Muriqi se revolvió en el área para otorgar al Madrid lo que, con toda justicia, merecía por su infame segundo tiempo.

En el momento en que el indignado cronista cierra estas líneas, las esperanzas de seguir vivos en la liga consisten en una derrota del club cliente de Negreira… ante el Atlético de Madrid. Rían con toda la amargura de que sean capaces.

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