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·14 de julio de 2026
Ramis aprueba con nota su primer examen

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·14 de julio de 2026

Osasuna despejó ayer, a las 10:45 horas, una de las grandes incógnitas que planeaban sobre El Sadar: Luis Miguel Ramis será el encargado de dirigir al primer equipo rojillo. El anuncio cerró varias semanas de incertidumbre en los despachos de la zona noble de El Sadar, agravadas por un final de temporada con tintes de tragedia romana: cinco derrotas consecutivas, un equipo sentenciado en la arena del Coliseum y un Lisci condenado antes incluso de poder pedir clemencia.
No era, ni mucho menos, un día sencillo para el club. Tampoco para Braulio Vázquez y Luis Sabalza, que comparecían ante los medios para presentar un proyecto que, a tenor de los acontecimientos de las últimas semanas, no parecía responder al plan inicial. Durante el proceso se han vinculado a Osasuna nombres tan diferentes como Imanol Alguacil, Míchel, Carles Martínez o incluso José Bordalás. Perfiles distintos entre sí y, en muchos casos, alejados de la propuesta futbolística que representa Ramis.
Por eso, la sensación general era que el nuevo técnico llegaba rodeado de cierta desilusión y escepticismo. No tanto por su trayectoria, que también, sino por la percepción de que no había sido la primera opción. Quizá ni la segunda. Tal vez ni la tercera.
Sin embargo, el fútbol actual va mucho más allá de lo que sucede sobre el césped. En una época marcada por las redes sociales, las retransmisiones en directo y la viralización constante de declaraciones y gestos, las ruedas de prensa se han convertido en un auténtico examen público. Los aficionados ya no solo analizan sistemas tácticos o resultados: también valoran el discurso, la personalidad, la capacidad de comunicación y el carisma de quienes dirigen a sus equipos.
Y en Osasuna, además, la comparación resulta inevitable. Durante seis temporadas, la figura de Jagoba Arrasate marcó profundamente la identidad del club. Su cercanía, su liderazgo tranquilo, su conexión con la afición y su profundo conocimiento de la cultura rojilla dejaron una huella difícil de igualar.
Con ese contexto, Ramis comparecía ante su primer examen.
Y lo aprobó con nota.
El técnico tarraconense se mostró humilde, sincero y valiente. No recurrió a discursos grandilocuentes ni a promesas imposibles. Tampoco intentó construir un personaje. Simplemente habló desde la honestidad. Y precisamente esa fue la sensación predominante que dejó su presentación: sinceridad.
Ramis transmitió gran ilusión por la oportunidad que tiene entre manos y asumió desde el primer momento la enorme responsabilidad que supone dirigir a Osasuna. Habló de trabajo, de exigencia y de compromiso. Reiteró varias veces la importancia de que los jugadores comprendan perfectamente qué requiere este club y qué espera su afición. También lanzó un elegante reconocimiento al legado de Arrasate, un gesto que no nunca pasa desapercibido entre el osasunismo.
Sus palabras sobre poner «el alma y la energía» al servicio de lo que demanda la grada conectaron con una afición que, más allá de estilos futbolísticos, siempre ha valorado la entrega y la autenticidad por encima de cualquier otra consideración.
No fue una intervención brillante desde el punto de vista retórico. Tampoco lo necesitaba. Fue una comparecencia directa, coherente y sin artificios. Y precisamente por eso resultó convincente.
Queda mucho camino por recorrer y será el césped quien termine dictando sentencia. Pero en este nuevo fútbol, donde la comunicación también forma parte del juego, Luis Miguel Ramis ha superado con éxito su primer examen como entrenador de Osasuna.
Y eso, dadas las circunstancias en las que aterriza, no es poca cosa.







































