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·9 aprile 2026

El Barça se obliga a un milagro tras encajar una derrota cruel

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El Atlético se impone con goles de Julián Álvarez y Sorloth en un partido marcado por la expulsión de Cubarsí

Contra las cuerdas. Con un pie en la cuneta. Obligado a poco menos que otro milagro, como en la Copa. El Barça descubrió el amargo sabor de la derrota en el nuevo Camp Nou en un partido en el que recibió un castigo injusto. No jugó para perder y lo hizo por 0-2. Se vació estando más de medio partido con uno menos por expulsión de Cubarsí y no le sirvió de nada. No tuvo suerte ni en un lado del campo ni en el otro. Tampoco le sonrió el arbitraje del rumano Kovacs, que en la roja cambió de criterio al ser llamado por el VAR y que estuvo muy permisivo en el reparto de tarjetas con los hombres de Simeone.

Los goles de Julián Álvarez de falta y de Sorloth le dieron el triunfo a un Atlético que solo fue mejor que el Barcelona en la efectividad.


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El gran mazazo lo recibió el Barça al filo del descanso. Giuliano Simeone cuerpeó con Cubarsí en un balón largo y cuando enfilaba portería cayó. Si era falta podía resultar perfectamente expulsión. El colegido decretó infracción y le mostró la amarilla. Ante las protestas de Simeone el árbitro fue reclamado por el VAR, revisionó la acción y trocó el color de la tarjeta. Roja para el central catalán. Eso era malo para los de Flick y fue peor. Porque esa falta se convirtió en un tiro libre clavado en la escuadra por parte del deseado Julián Álvarez. Todo había nacido de una nula presión de Lewandowski, que fue incapaz de abortar el contragolpe ni robando el balón ni ejecutando una falta táctica. Tampoco Cubarsí pudo forzar el fuera de juego con un paso adelante pero nada de eso habría sucedido si la acción se hubiera frenado antes.

Un revés que podía marcar no solo el encuentro, sino toda la eliminatoria. Porque antes el Barça amenazó con buenas intenciones pero con bastante fuego de artificio. El que tuvo hasta el entreacto las ocasiones más claras fue Rashford. El inglés, a la carrera, disparó hasta tres veces. Todas ellas al cuerpo del portero. Ninguna era sencilla pero otro delantero de más precisión en el remate quizá habría embocado alguna. Por el otro lado también provocó escaramuzas Lamine Yamal. Un regate por aquí. Una diablura por allá. Una jugada imposible por acullá. El genio de Rocafonda asistió a Rashford para que marcara pero la jugada fue anulada por posición ilegal de Lamine.

Durante ese tramo el Barça estaba siendo mejor tras un inicio de poder a poder y además el Atlético perdía por lesión a Hancko. Se merecía, a los puntos, pegar primero el Barcelona, pero no dio en la diana y en esta competición que camina siempre al filo de una acción puntual eso se suele pagar.

El equipo de Flick, sin desmelenarse tampoco, había apagado las luces de Lookman y Griezmann pero su sistema requiere de una concentración extrema y también de un físico al máximo. Ya no lo tiene Lewandowski y se nota. Con menos balas en la recámara que el Atlético el técnico alemán solo había hecho dos cambios con respecto a la Liga, el ingreso de Koundé en el lateral diestro y la presencia de Lewandowski por Fermín arriba. En cambio, Simeone presentó hasta cinco variantes para tejer un once más oxigenado. Con el marcador en contra y al descanso Flick apostó por la intensidad de Fermín y Gavi. Con uno menos puso a futbolistas que corren por dos y mandó al banquillo a Lewandowski y Pedri. Rashford pasó a ubicarse en punta y Eric Garcia como central.

Pese a la inferioridad numérica el Barça reapareció con brío y puso cerco a la portería de un ultradefensivo Atlético, que prefirió esperar su momento. Lo terminaría encontrando después de resistir las acometidas barcelonistas, dirigadas por un notable Olmo, que se desplegaba y se multiplicaba para alimentar a Lamine y Lamine alimentaba a Rashford. Pero el inglés no terminaba una con acierto. Se quedaba sin ángulo y remataba desviado o estampaba un tiro libre idéntico al de Julián en el larguero. Una falta en la que Le Normand se libró de forma increíble de ver la tarjeta, como al principio del encuentro Koke y después Julián.

El árbitro Istvan Kovacs provocó las iras del respetable y de Flick, que se encendió cuando tampoco consideró pitar penalti en una jugada cómica. Musso se la pasó a Pubill, que la cogió con las manos. ¿El balón ya estaba en juego en un saque de portería? Ese es el quid de la cuestión. El colegiado entendió que no y el Barça cree que sí.

Sea como fuere el Barça trabajaba para empatar y Simeone llamaba a escena a Baena y Sorloth. El noruego no falló en su habitual cita con el gol contra los barcelonistas y metió el segundo, a centro de Ruggeri, en el primer ataque real de los colchoneros en todo el segundo tiempo.

No le hizo falta más. Al abrigo del Metropolitano tiene sin duda las mejores cartas para plantarse en semifinales. Pero el Barça aún no ha dicho su última palabra.

/LaVanguardia

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