Grada3
·21 de janeiro de 2026
Vinicius se hace perdonar

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·21 de janeiro de 2026

Y de pronto, en medio de la tormenta, Vinicius Júnior volvió a aparecer. El «chico malo», aquel que fue silbado por su propia afición ante el Levante, resurgió este martes frente al Mónaco. Una actuación soberbia. Impecable. En la victoria por 6-1 ante el Mónaco, el carioca buscó, provocó, caracoleó, encaró, insistió. Y, por fin, encontró. Las asistencias, pero también el gol. 90 minutos tocando la gloria, y eso que el partido, como en los anteriores, comenzó con murmullos y silbidos desde las gradas del Santiago Bernabéu. Pero ésta vez, todo fue muy distinto. El ‘7’ no terminó entre reproches, sino entre vítores. Se marchó con el madridismo rendido a sus pies, con 80 mil almas coreando su nombre. Radiografía de la noche de su redención.
La noche cayó sobre Chamartín con un aire de examen. Y en el centro de todo, Vinicius Júnior. El mismo que días atrás había sentido el frío de su propio público, el murmullo desaprobador del Bernabéu, los pitos que se clavan más hondo que una entrada. Pero el fútbol siempre ofrece segundas oportunidades, y aquella velada de Champions, con el Mónaco como testigo, iba a ser su redención. Del abucheo al aplauso, del abismo a la cúspide, Vini pasó por todas las emociones este martes.
El partido comenzó con esa tensión contenida que deja el recuerdo de la crítica reciente. Cada toque suyo, cada conducción, venía acompañado de un runrún expectante. Algunos pitos. Tímidos, pero se hacían notar. Y sin embargo, bastó una primera arrancada para que el estadio se reconciliara con su talento. El ‘7’ volvió a hacer lo que mejor sabe: sacudir el aire, levantar a la grada, incendiar un partido. Su primer disparo dentro del área provocó un «¡uy!» colectivo que sonó como absolución anticipada. El perdón, en el Bernabéu, siempre se conquista jugando.
Y Vinicius no se escondió. Pidió la pelota, encaró, insistió. Su fútbol fue desahogo y venganza a la vez. Asistió a Mbappé en su primer gol y también le ofreció un baño de masas a Mastantuono. Hasta hizo que Thilo Kehrer se marcase en propia puerta. Vini no buscaba revancha, sino redención. Corrió como si quisiera borrar los días oscuros, dejó atrás defensas y fantasmas, y en cada gesto apareció la furia del artista incomprendido. Cuando por fin llegó su gol, lo hizo con la furia de la liberación: un disparo seco, imparable, que se incrustó bajo la escuadra y encendió al Bernabéu como en los viejos tiempos.
Porque fueron 108 días sin marcar en el Santiago Bernabéu. Había vuelto a enjaular contra el Barcelona en la final de la Supercopa de España, pero en Yeda. Sin embargo, ahora, el madridismo por fin pudo gritar un gol suyo. Fue su «veni, vidi, vici» particular: vino señalado, vio su oportunidad y venció con el único argumento que el fútbol entiende, el del talento.
Al final, el marcador fue una fiesta: 6-1. Juego, set y partido. Pero lo que de verdad quedó fue el relato íntimo de su noche: el jugador más observado, más «polémico», convertido en el más ovacionado. Fue nombrado MVP del encuentro ante su propio público. El mismo público que le había condenado unos días antes se puso en pie para rendirse ante él. Vinicius sonrió mirando al cielo. Había cerrado el círculo. Por fin. En la plenitud de su juego, el Bernabéu volvió a creer en él, y él volvió a creer que ese estadio podía ser su casa.
Arbeloa lo venía avisando. «Yo quiero es el apoyo del Bernabéu y a Vinicius. Es un jugador que lleva años escribiendo su historia aquí. Nos ha dado dos Champions. El Bernabéu es su casa. Quiere tener al madridismo con él (…) Va a estar en el campo siempre que pueda estar disponible. Es un jugador excepcional, de los que quiero que tenga el balón cuantas más veces, mejor. Si quiero ganar títulos, necesito a Vinicius». Y este martes, no falló. Después de sus dos asistencias, del gol en propia provocado y de su tan deseado tanto, Vinicius volvió a bailar su samba. Hasta abrazó al salmantino después de «desbloquearse». Algo que no se había visto con Xabi Alonso. O no tan sincero.
«Hoy hemos visto a un Vinicius que, con el Bernabéu, es imparable. Le necesitamos para ganar todos los títulos. Se lo merece. Ese abrazo, fue para todo el madridismo, a todos los que le han apoyado. Ha sido una noche redonda para él y todo el madridismo«, explicó el ‘Espartano’ en la rueda de prensa posterior. Porque sí, lo que necesitaba Vinicius era tener a su gente con él. No en su contra.
Ahora, sólo falta ver si el carioca seguirá en dinámica. Vienen partidos cruciales: visita a Villarreal y luego viaje a Lisboa, para sellar la clasificación en el Top 8 de la ‘orejona’. El Real Madrid necesita al Vinicius de esas grandes noches. Pero ahora, para siempre. Sin recaídas, y con todo el público en su bolsillo. La unión hace la fuerza.







































