Vermouth Deportivo
·15 de março de 2026
Johan Cruyff, el mentiroso del fútbol

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·15 de março de 2026

Johan Cruyff deja en ridículo a todas las defensas del mundo. Un delantero que maneja los dos perfiles, piensa en los compañeros, convierte goles y tiene personalidad.
Elegancia y desfachatez en igual medida. Se sabe virtuoso. Trae soberbia en sus zancadas. Talento puro. Johan Cruyff es el tipo de futbolista que justifica el precio de una entrada. Si el holandés está en cancha, hay espectáculo asegurado. ¿De qué juega? Es imposible encasillarlo en una posición, aunque se vuelca al costado izquierdo para diagramar sus ataques. De todas formas, cuenta con la libertad de moverse por todo el frente ofensivo. Gracias a esta virtud, sus rivales no saben cómo detenerlo.
Juega para los que saben de fútbol. Es un delantero que no sólo se centra en aumentar sus estadísticas, sino que busca asociarse con los compañeros. Cuando traslada la pelota, escanea a la defensa contraria para encontrar el pase más incisivo. Además, siempre usa el recurso que pide la jugada: taco, cara interna, tres dedos, por arriba, de rastrón. Y, si no halla el espacio, cubre el balón con sus largas piernas. No se desespera y tampoco entra en pánico. Es consciente de que podrá escapar del laberinto con unos amagues de por medio.
Se trata de un genio del engaño. Miente todo el tiempo. Con el cuerpo dice que va a hacer una cosa, pero sus pies ejecutan otra. Se perfila para dar un toque hacia atrás y sale con un enganche de taco ofensivo. Es su marca registrada. Luego, levanta la cabeza y piensa en búsqueda de la opción conveniente. Puede ser un centro o una travesía individual, pero siempre resuelve con criterio. No hace nada porque sí. Eso sería burdo para alguien con su habilidad. Todas sus decisiones poseen una justificación.
Como si fuese poco, tiene un olfato goleador singular. Puede rematar con violencia o acomodar los disparos con sutileza. Pero una escena se repite: los arqueros agarran el balón en el fondo de la red. Si patea de lejos, busca definir al palo más lejano. Dentro del área, la situación cambia: se mantiene calmo, desparrama defensores y convierte. O sea, usa los nervios de los demás a su favor. Construye su paz a través de mantener el esférico pegado al pie. Domina al elemento.
Si se pueden usar las dos piernas, ¿para qué tener una preferida? Eso piensa el nacido en Ámsterdam. Usa ambos perfiles sin ningún problema. Es una capacidad que le amplía el repertorio de opciones disponibles: controla y orienta el juego hacia donde lo considera necesario. Los marcadores rivales se vuelven un mar de dudas, si Cruyff los encara. Es una tarea casi imposible descifrar cómo resolverá. Se vuelve un jugador letal debido a su talento y destreza.
Tantos dotes necesitan de una personalidad fuerte que los respalde. El emblema del Ajax comprende esto a la perfección. Es canchero dentro del campo de juego, pero sin faltas de respeto. Su confianza y desdén van por otro lado. Se hace cargo de la pelota cuando las papas queman y no se queja por las patadas recibidas. Quizá, si le duele el golpe, reclama una amarilla. Va al frente, no se achica. La gambeta forma parte de su estilo. Es su idioma.
Igualmente, los recortes no son la única herramienta para eludir contrarios. Si fuese así, el panorama sería predecible. Para esto, Johan Cruyff aplica los cambios de ritmo. Acelera y frena su marcha en cuestión de segundos. Gana o pierde velocidad con un solo movimiento. Controla el tiempo. Es amo y señor de la escena. Los encargados de marcarlo, por su lado, no saben qué hacer. Ninguno quiere quedar expuesto. En ese universo de indecisión, el holandés saca provecho y supera los obstáculos. Indescifrable. Con derecha o izquierda. Coraje. Elegancia.
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